martes 24 de noviembre de 2009
Aparición (con su beso de cemento medio dado)
viernes 20 de noviembre de 2009
íncubo guardián
Bebes con deleite la oscuridad que mana de mi tintero y pernoctas al calor intermitente de la lámpara, arrullado por el pulso mecánico del minutero.
Tú que anidas entre las cuartillas garrapateadas que desbordan mi escritorio y los montones de libros disgregados por doquier, acepta mi humilde sahumerio de cigarro y estos pozos de café en ofrenda.
No me desampares.
No me dejes nadar solo en los oceános del polvo y basurilla de mi habitación. Musarañas y alimañas caseras no haya más.
No me abandones.
Desde la atalaya de mi hombro guárdame siempre a diestra y siniestra.
Guíame en la noche, guardame de la cruda luz de la mañana.
Que tu canción me acompañe en las horas más oscuras
y el corazón del silencio se abra para mí.
Ahora y siempre...

Escéptico por convicción e iconoclasta por afición.
Perseguido y condenado innumerables veces por las razones anteriores.
Actualmente ejerce sus funciones de íncubo guardián en algún lugar de Xochimilco desde la comodidad de un sillón, donde también ocupa su tiempo en planear la dominación del mundo.
sábado 26 de septiembre de 2009
Sobre el porno y esas cosas que uno piensa "esto sólo me pasa a mi"
En fin, quedamos en que yo era una adicta a la televisión. Recuerdo que el 12 era Mtv, el 16 cartoon network (creo). Pero ahí tienes que de entre todos los canales, el 33 era el que más resaltaba, porque no se veía nada. El 32 y 31 eran para pay per view, donde pasaban peliculas de Will Smith o Hugh Grant, pero los primeros 15 minutos y ya luego ponían un anuncio de que si querías seguir viendo la película, tenías que pagar 15 pesos. El 33 siempre fue un misterio, porque para ese tenías que llamar a multivisión y todo un método que caía en lo absurdo. No habia anuncios, no había nada. En la guía televisiva se veía que era un canal para adultos (nada que un titulo discreto pero jocoso no distinga).
Fue un misterio hasta que un día, pasando del 32 al 33 (en el zapping, sí), noté que se formaban ciertas figuras en lo que ahora se conoce como white noise y se escuchaban sonidos. Como no recuerdo cuándo noté eso, ni idea qué fue lo primero que vi ni lo que escuché como para que eso hubiera llamado mi atención. La cosa es que a veces le cambiaba al 33 por zapping y más figuras se paseaban y a veces los sonidos eran de chicas que, segurito, estaban pasando ratos formidables. Pero hubo este día donde estaba haciendo zapping, llegué al 33 y en lugar de ver figuras distorsionadas y sonidos que dejaban volar la imaginación del casi apogeo de la adolescencia, vi a una chica desnuda, sosteniendo una manzana verde. y ahí andaba, modelando desnuda. Como saben, playboy se distingue (o distinguía?) no sólo porque en su canal pasaban peliculas porno, sino porque tenían ese toque medio artístico payaso para las chicas desnudas. Así que, mi primer acercamiento con el porno sin una distorsión mediática, es de una chica, modelando desnuda con una manzana verde en la mano. Y si lo recuerdo no fue porque la chica fuera bonita, sino porque me sorprendió ver eso, cuando la costumbre era hacer zapping, pasar por ahí y ver líneas que a veces formaban cuerpos y luego buscar más canales.
Ahora en estos días, en que a los 22 años ya no me sorprende ver esas cosas, puedo decir que formo parte del grupo -no sé si grande o chico- que se desilusiona cuando una chica, durante todo el acto sexual, se le queda viendo a la cámara. Porque sabes que lo hace por la fama.
jueves 17 de septiembre de 2009
Del baúl de la memoria
En la primer secundaria que fui, en Corina, un día las paredes del baño amanecieron tapizadas de piso a techo con hojas de revistas porno. No eran como otras fotos de cuerpos desnudos que ya había visto antes. Recuerdo alguien preguntarse como en la tele cuál sería en su subconsciente la proporción entre claxons y fotos XXX.
miércoles 2 de septiembre de 2009
Perdiéndole el respeto al porno
O perdiendo el estilo, que es casi lo mismo.
domingo 30 de agosto de 2009
Cómo montar a un filósofo

jueves 20 de agosto de 2009
Un escrito de juventud.

Buena oportunidad para dar un segundo aire a estos párrafos autobiográficos.
Siempre fui un horrendo obeso. De niño, en la primaria, mis compañeros me orinaban encima y me llamaban “el cara de mierda”. Cagaban, me tomaban entre tres o cuatro y, apretándome la nariz, hacían que abriera la boca para meterme papeles embarrados de sus desechos. Mi padre, un alcohólico y drogadicto, se entretenía viendo a mis hermanas bañarse y se masturbaba en cualquier lugar del minúsculo y fétido departamento. Mi madre, odiosamente estúpida, trabajaba todo el día y parte de la noche en una maloliente y grasienta fonda del centro de la ciudad. Mi inmundo cuerpo y yo estábamos solos.
Para cuando me gradué de la escuela primaria, ya me metía cualquier cosa en el ano para compensar los cerotes que retenía cada vez que podía. Como los aplastaba con mis nalgas, frecuentemente me embarraba y despedía un hedor insoportable. Cada vez que hacía eso, me bañaban mis hermanas con jícaras de agua helada en el patio, bajo la mirada de risueños niños y adultos del edificio. Lo que no sabían era que ese castigo me gustaba tanto como a ellos.
Fui desarrollando un placer por la vejación, por ser humillado, por hacer el ridículo, por dar lástima. A los trece años, mi padre me quebró todos los dientes frontales mientras me metía salvajemente el pene por la boca y se venía furioso, llenándome la garganta de semen. Después, le dijo a mi madre, eterna idiota, que me había descubierto metiéndome cosas por el culo y que por eso me había golpeado. No dije nada, había aprendido a disfrutarlo.
Hurgaba en el bote del baño y conocía el sabor de mis padres y de mis hermanas, tenía mis favoritos y jugaba a adivinar de quién era la mierda que ingería. La mía no me gustaba, me daba asco. Harto, sin embargo, de los mismos manjares, recorría restaurantes y supermercados y disfrutaba probar cuando alguien estaba enfermo: sabores agrios que duraban más tiempo en estado casi líquido. Me han contagiado miles de veces, pero nada ha podido postrarme más de una semana.
Un día me enfadó la mierda humana. En las miserables calles de barro que componen nuestra colonia abundan los perros sarnientos y la zona siempre despide los densos vapores de la caca animal. Me he convertido en un adolescente que a propósito pisa lo que los perros dejan para después lamer las suelas encerrado en su cuarto. Mi padre ya me coge por el culo y el hueco que dejaron mis dientes lo encuentra especialmente delicioso. Mis hermanas se han ido a parir hijos a lo pendejo y mi madre continúa manteniendo los vicios de mi padre y mi aqueroso estómago.
Como mi madre ve en mi “potencial” me inscribió en la secundaria sin importarle que estaba, al menos, tres años atrasado. Son días oscuros. Las gente se vuelve más inofensiva en sus burlas con los años. Me llaman simplemente “el puto”, “la cerda” o “el cacarizo” (porque tengo plagada la cara de granos). Nada más. Yo me como su mierda cuado visito los baños y a propósito me cago en las clases para escuchar insultos más graves. Cuando llego a casa se la mamo a mi padre y después voy y me cojo cualquier chucha en celo que pase. Vienen las vacaciones, ya me comienza a aburrir la mierda de perro y no sé con qué he de suplirle.
viernes 14 de agosto de 2009
Materia gris y tres equis
No recuerdo una foto en especial, ni los desnudos totales, ni las poses, ni las historias. Más bien la hazaña de entrar al lugar prohibido, el "a ver si no nos cachan". Y no, nunca. Cuento con los dedos de una mano las veces que estuve dentro del cuartito, porque luego dejé de ver a mi prima, pero poco tiempo después, en las siestas sobre las carreteras, soñaba clichés sensualones de película gringo-mexicana de acción: que yo, de veintitantos años y bastante atlética, salvaba de la explosión al Museo de Historia Natural de no sé qué metrópolis, y que un galán me recompensaba con besos y caricias. Ni yo entiendo por qué aquello se me quedó grabado, o por qué me gustaba tanto pensar la escena así. En esa infancia, hasta allí llegaba yo con mis historias "eróticas", que después, un día como hoy, o más bien hoy, en el desvelo parcial (¿hay un desvelo total?) me da por soltarlas a los cuatro vientos.
Para no asustar al lector que se asusta, mi objeto porno más porno reside más en la imaginación que en los puestos de revistas o las sex shop. Aunque, se supone que así es la cuestión y a nadie le da susto. Por suerte.
martes 11 de agosto de 2009
X
jueves 6 de agosto de 2009
¡Ay papito! Verde que te quiero verde...

jueves 30 de julio de 2009
Brevísima Ciudad de municipios: rancho grande de ranchos grandes
La Ciudad esta vez va a ser Mi Ciudad, y a ella le dicen Guadalajara. Pero tal vez tampoco voy a hablar sobre ella. Hay un mote para abreviarla en los periódicos, quizá sea frío "pero se entiende", y es entonces que con más frecuencia me acostumbré a no tener que interpretar una segunda y una tercera vez las letras ZMG. Zeta-eme-ge: Zona Metropolitana de Guadalajara (Así que esto es mi vida).

La ZMG está conformada por Guadalajara, El Salto, Tlajomulco de Zúñiga, Tlaquepaque, Tonalá y Zapopan, y para los turistas de El Montonal les traigo un pedazo de ellos, en forma de dulce de leche o rollo de guayaba.
Para empezar me sobran y me faltan los clichés y se me va de las manos el conteo de palabras óptimas para terminar con bien mi cachito de post. Entonces prefiero platicar sobre El Salto, bonito nombre para un municipio que antes se llamaba El Salto de Juanacatlán. Bonito nombre para un municipio no muy hermoso. Y aquí inserto mis recuerdos: Tenía 14 años y era en estas lluviosas fechas del año cuando fui a una de sus colonias: Las Pintitas. Los que conocen allá saben que un área se llama Las Pintas de Arriba y otra que se llama, oh sí, usted adivinó: Las Pintas de Abajo. En aquellos años mi mamá tenía una troca vieja de 1986, y con las lluvias de la temporada la presa de Las Pintas (en la que dicen que antes podías pescar mojarras) se desbordó y casi-casi no logramos llegar a la casa de la mamá de La Chispa, una niña que, atenta a las modas noventeras, a sus 11 años presumía un mechón rubio y decía "qué chispa".
Tlajomulco de Zúñiga: Tlajomulco de Zúñiga no tiene la culpa de que yo la recuerde como cómplice de mis antiguas infidelidades, la culpa la tendría que tener yo. Pero vamos, Tlajomulco también se inserta en mis recuerdos con sus caminos polvorientos rodeados de ladrilleras, el olor a pollo rostizado a la entrada (y el periférico, tan ruin, también a la entrada, a la salida), los perros callejeros por montones y las colonias de viviendas malhechas que el más-ruin-que-el-periférico-Vicente-Fox inauguró en el 2004, entre otros detalles feos como las ejecuciones, y otros detalles bonitos-chuscos como el recorrido turístico al cerro donde recientemente cayó un avión. (?)
Luego tenemos a Tlaquepaque y Tonalá, las hermanas artesanas. En ellas se forman en varias filas las esculturas, adornos, ropa, vajillas, muebles y no-adornos (es que hay cosas re feas) de barro, vidrio soplado, cerámica, bejuco, hierro forjado, yeso, piel, etcéteras. Para el que sabe o para el que no, en Tonalá se compra barato, en Tlaquepaque caro. Tonalá para mayoristas, Tlaquepaque para turistas. Tonalá tianguis y puestos de comida, Tlaquepaque oropel y restaurantes adornados con papel picado en los que tocan dos o tres mariachis: que el mariachi femenil, que el mariachi huichol... medio falso el ambiente folclórico, pero allí está para eso. (aunque el mercado y la azotea del Centro Cultural El Refugio hagan la diferencia. ¿La hacen?)
Zapopan, o Ciudad Zapopan, como casi nadie la llama, a excepción de los que la quieren mucho o los que se están burlando. O no, pero oh, Zapopan es muy lindo. No me canso de mencionar que la basílica de Zapopan es una chingonería de la arquitectura, y frente a ella su explanada en la que hace tiempo tocó la Sonora Dinamita y fui para presenciarlo (o para bailar, pero no sé bailar). Esa ocasión Margarita (la que canta) gritó varias veces una que otra majadería. Ahorita no recuerdo bien, pero digamos que fueron "chingado" o "méndigos". Entonces, a medio concierto nos anunció que el obispo de la basílica había mandado decir que no se dijeran palabrotas, a lo que Margarita contestó algo como: "¡Pues ya no digamos más groserías, chingada madre, todos vamos a bailar!" Y bailamos, sacrílegos.
Pero para hablar de Zapopan me voy a tardar, es casi como platicar sobre Guadalajara, o lo mismo que hablar de Guadalajara, porque, digamos que Zapopan es muy grande, más que Guadalajara, y que está lleno de contrastes entre marginación y plazas comerciales siempre nacientes, y de colonias con nombres divertidos como Jardines de la Patria o Arenales Tapatíos. O cerros conocidos como El Diente (al que nunca he ido) o un bosque con un nombre muy bonito: El Nixticuil.
Por último, en Guadalajara está mi casa, que no es mía, es rentada. Pero es donde vivo y aunque le digan rancho no lo he abarcado todo. La Zeta-eme-ge se me escurre por los dedos, muchas veces. Y cuando no, me sorprendo comiendo una torta ahogada (pero no echándole porras a Las Chivas, no vayan a exagerar). Cuando la extraño, paraíso gay (paraíso heterosexual luego) es cuando, de seguro, llevo dos días sin salir de mi cuarto, en un puntito de la ZMG.
martes 28 de julio de 2009
Infinito

Aunque el Filósofo Aristóteles haya prohibido la existencia de infinitos en acto, y el rebelde Giordano Bruno haya concedido su existencia siempre y cuando se asuma que de ese infinito nadie puede escapar (pues lo llamamos universo, y por ser infinito, sólo puede haber uno), yo, señoras y señores, puedo afirmarles, sino asomo de duda, que ambos filósofos se han equivocado: dentro del infinito y único Universo existe otro más pequeño, pero no por ello carente de las propiedades del infinito legítimo.
Yo he estado ahí. Y he podido escapar sinnúmero de veces de sus imposibles linderos; aunque siempre me ocurre como en los sueños: jamás nos damos cuenta del instante en que dejamos la realidad y entramos al mundo de lo onírico. Así, justo así, me encuentro insensiblemente del otro lado de lo infinito cuando un Estrella Blanca o un ADO tratan de escapar a su fuerza gravitatoria. De alguna manera lo consiguen y entonces, por el módico óbolo de unas cuantas horas, nos hayamos en esos pueblos, ordenados y limpios, que nuestros paisanos se atreven a llamar su ciudad, sin saber si quiera el verdadero significado de esas palabras (¿o será que ésta es la que ya no es más ciudad, y debemos buscarle un nombre apropiado? ¡qué se yo! Megalópolis ya es poca cosa. ¿Infinitópolis? Llamémosle, mejor, Monstruópolis: único individuo de su especie, pues ¿cuántas infinitudes como ésta caben en el Universo?)
Sus habitantes desesperan algunas veces y marcan límites artificiales a su prodigiosa ciudad. Pero ¿cuántas veces no cruzamos la falsa línea que dice “Ciudad de México, Buen Viaje”, y, burlándose de nuestros urbanistas a carcajadas, Monstruópolis se extiende sin limitación que pueda contra sus potencias geométricas?
El matemático Cantor demostró que hay infinitos que caben dentro de infinitos. Él, claro, hablaba de números, y sus demostraciones jamás pasaron del papel y el lápiz. Pero quizás la evidencia experimental del prodigio por él imaginado se halla aquí. Porque aunque éste sea un infinito acotado, pues puede ubicársele en el mapa, posee propiedades que sólo un infinito tiene. He aquí las pruebas que he conseguido reunir:
a) Ninguno de sus habitantes la conoce toda entera. Ni el taxista veterano más aventajado está libre del potencial peligro de la exigencia de algún pasajero por llevarlo a un lugar totalmente ignoto.
b) Aunque siempre frecuentemos los mismos lugares, como el centro (¡cómo ese infinito se atreve a poseer un centro!), jamás veremos dos veces las mismas caras. ¿Cuántos millones de rostros nuevos y siempre nuevos nos encontramos cada sábado que vamos a caminar por Francisco I. Madero? Lo prodigioso es que el prodigio ya no nos sorprenda.
c) Los prodigios mencionados por Monsiváis: en el vagón del metro se resisten a perder su principio de individuación la infinita cantidad de almas que caben dentro del tren de las ocho de la mañana, línea uno, dirección Observatorio.
Y de éste último prodigio queda claro que nuestras propiedades corpóreas han sido afectadas por habitar en tan misteriosa ciudad. Porque sólo así, siendo infinitas en número las almas que habitan una superficie que se presume finita, se explica nuestra falta de imaginación: no es que ella sea poca, sino que todos los pensamientos posibles, pasados, presentes y futuros, por más que sean, por más apabullante que sea su número, es finito. Y cada pensamiento está condenado a repetirse infinitas veces a causa del infinito número de almas que habitan esta ciudad. Por eso, como lo relata el mismo Monsiváis, aún el pensamiento más excéntrico es compartido por millones en un mismo instante.
Quizás no sea la ciudad la prodigiosa. Quizás los que ya dejamos de ser individuos somos nosotros. Porque el infinito posee sus propias paradojas. ¿Cómo saber que, cuando al fin regresamos a casa y con alivio comprobamos que la llave aún abre la cerradura, y que adentro nos espera el mismo gato… es efectivamente el mismo gato, y la misma cerradura, y el mismo hombre?
¿y si fuera que, al ser Monstruópolis la suma de sus lugares infinitos, pero al ser simultáneamente finito el número de modos y posibilidades de vida, hemos caído inadvertidamente en otra casa, gato y hombre iguales?
viernes 24 de julio de 2009
La ciudad y sus habitantes.
No conozco muchas ciudades. Pero sé que en otras, como en ésta, alguna mujer se detiene entre la multitud para mirar un par de zapatos a través de la vitrina, una pareja sale del hotel acostumbrado y se pierde en las calles, el comerciante ofrece sus productos al paisano y al extranjero, la familia gasta sus ahorros en comprar lo necesario para dar una gran fiesta, los que vuelven de la oficina se dirigen a un bar, los que vuelven deslomados se dirigen a un tugurio miserable, una mujer se prueba el vestido de novia, la puta vuelve a casa después de la jornada, un vagabundo habla solo, algunos entran en la casa de dios y otros celebran, con nostalgia, a los viejos dioses desterrados.

Fotografía: Mijael Jiménez.
miércoles 22 de julio de 2009
Mímesis
lunes 20 de julio de 2009
La Ciudad de los Poetas (OVERTURE)

Al estar ya en mi casa mientras me preparaba un modesto sándwich me detuve un instante entre la mayonesa y el jamón como si el soplo más leve de un hielo seco recorriera mi cuerpo de abajo hacia arriba, y recordé esa imagen de aquel rostro infantil, aquel rostro golpeado y muerto; y me puse a pensar inmediatamente en mi hermano el cual tiene la misma edad que tenia aquella victima, y si tal vez el pudo ser la víctima y no aquel desconocido infante.
Pero estos pensamientos no inverosímiles son cada vez más comunes y tendrán que ser aceptados ya que aquí en esta ciudad así es como se vive, día y noche sus calles ven el ciclo de la vida pasar efímeramente y en donde los justos son un personaje más de televisión. Así se vive aquí en la ciudad que me ha albergado por casi toda mi vida y una tregua nos mantiene vivos todavía, esta es “La Ciudad de los Poetas”.
viernes 17 de julio de 2009
Ciudad de cal
fluye la ciudad
como en caricatura
una esquina
un hotel
una plazuela
con una fuente seca
todo
oscuro
oscuro
todo
con una fuente seca
una plazuela
un hotel
una esquina...
*
Miras
el puente
con sus barandales amarillos
y el camellón
ínfimo
intermedio
esperando al peatón equilibrista.
*
andar la misma calle
cada vez,
como si fuera otro país
otros los zumbidos
de los coches pasando,
otras las sombras
alargadas
de los mismos edificios
otras las mujeres
hundiéndose en nuestros dedos
aunque sean siempre
la misma
triste.
otro el abismo
pero no
el mismo país con sus bardas
pintarrajeadas
de los mismos aerosoles baratos
con la misma simpleza
entre los trazos
el mismo país
con nuestras madres
con sus hijos
(nuestros)
abandonados
en el mismo parque
donde descubríamos
de niños
parejas que se besaban
tras los árboles
cruzar maravillados
la misma amplia
plaza
en la que se repite
el organillero
con sus notas.
Archivo del blog
-
▼
2009
(24)
- ► septiembre (3)
-
►
julio
(14)
- Brevísima Ciudad de municipios: rancho grande de r...
- Infinito
- La ciudad y sus habitantes.
- Mímesis
- La Ciudad de los Poetas (OVERTURE)
- Ciudad de cal
- Arqueología
- Si bien dicen... bueno, la verdad nadie dice nada....
- Hyperícum perforatum
- ¡Ah, la Gran Ciudad!
- ¿Podría decirme dónde estoy?
- La ciudad o su reverso
- Nerón Ñerón
- EL MONTONAL

